Nos interesa conocer qué tipo de interacciones (amistad, familiar, escolar, ocio) mantiene y de qué forma refuerza, cómo identifica y gestiona sus emociones, de qué manera se enfrenta a sus problemas (puntos fuertes y puntos débiles) y qué variables personales -psicológicas u orgánicas- pueden estar influyendo en el estilo de vida del niño y/o adolescente.

ESCUCHAR A LA PERSONA, NO AL FÁRMACO

Escuchando al  niño y  su familia para indagar qué motivos han llevado o están llevando a la creencia de la mencionada etiqueta, si es que existe. Y con esta aseveración anterior no quiero expresar que no existan los problemas, sino que hay que abordarlos desde un enfoque crítico, amplio y ofreciendo información.  A lo largo de mis 19 años de experiencia he sido testigo de un aumento creciente de diagnósticos: Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDAH), Trastorno Bipolar (TB), Trastorno del Espectro Autista (TEA), Trastorno Negativista Desafiante (TND), Trastorno Disocial (TD) , todos asociados a niños y adolescentes, que con el sufrimiento añadido de los padres, han visto acrecentar las visitas a consultas sanitarias y los consecuentes tratamientos farmacológicos (en la mayoría de los casos) y el seguimiento de terapias psicológicas.

Un germen que nace en el entorno escolar a los 6/7 años con  diagnóstico de TDAH y al llegar a la ESO, se mantiene tal diagnóstico acompañado de metilfenidato (Concerta, Equasym, Rubifen) o anfetamina (Elvanse). Sin embargo en ocasiones, se añade medicación antipsicótica (Abilfy, Risperdal), antiepilépticos (Trileptal Depakine) o antidepresivos (Sertralina, Paxil), porque también  han aparecido más «trastornos» (bipolar, disocial, negativista desafiante, entre otros).

Un sobrediagnóstico denunciado por la Organización Mundial de la Salud (World Health Organization  Geneva, 2011) y por el informe del Relator Especial de la Organización de las Naciones Unidas (ONU, Dainius Puras 2017) que alertan sobre la excesiva medicalización de la vida actual y el aumento desmesurado de diagnósticos en salud mental, siendo los niños y los adolescentes  las poblaciones más vulnerables y con más riesgo de sufrir trastornos y ser medicados por ello.

UN TRASTORNO O UNA ENFERMEDAD PERTENECEN A UN CONTEXTO SOCIAL DETERMINADO

En Francia no hay prácticamente casos diagnosticados de TDAH. Allí no se usa el DSM americano (Manual estadístico de los trastornos mentales) ni la CIE (manual que recomienda la OMS). Los «trastornos» se evalúan con la Clasificación Francesa de los Trastornos Mentales del niño y adolescente (CFTMEA). Y los criterios para evaluar si el niño tiene  TDAH no se centran en la conducta del niño sino en el ambiente que le rodea.

¿DÓNDE PONEMOS LA MIRADA? ¿EN EL NIÑO O EN EL ENTORNO?

Como decía Krishnamurti: No es saludable estar adaptado a una sociedad profundamente enferma.

"Creo que el niño es una víctima de este sistema que ha normalizado tener un diagnóstico y tomar pastillas para remediarlo"
Fundamento Oliver

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